Antes de que la vaciaran del todo, visité la casa de mi abuela. La mayoría de las cosas ya no estaban, y lo que sí, estaba en venta. Su sillón, cama y mesa de luz la habían pasado al hogar en donde se encuentra internada.
El silencio combinado con la luz de la araña de cristal digna del palacio que nunca tuvimos le daba una sensación de tiempo congelado a todo. Me acerque a una mesa que tenía dos cajitas de porcelana azul. Una más grande que la otra, con pequeñas flores pintadas.
Abrí la primera para revelar velitas, ya viejas, de colores. El cuarto semi vacío se llenó de luz y ruido inmediatamente. Todos los cumpleaños que celebramos en su casa, las tortas que nos hizo y cómo disfrutaba de nuestra presencia me inundó. Cerré la caja y todo se apagó. Cuando abrí la otra, encontré tres agujas. Y también, podía escuchar a mi abuela corriendo de un lado a otro, pidiendo un hilo de tal color a su amiga de vida, Beba. Hacían vestidos, tejían de todo. Pero cuando cerré la caja todo se apagó.
A mi alrededor tenía muebles de todo tipo, lámparas y cuadros, todas cosas de ella. Pero lo único que me habló de mi abuela fueron un par de velitas y unas agujas oxidadas.
lunes, 25 de febrero de 2008
lunes, 28 de enero de 2008
La cinta
Su trenza se había quedado enganchada en una rama. No se percató hasta el segundo paso. El tirón fue tan fuerte que su cara se frunció y sus labios emitieron un sonido con decibéles de una soprano prematura. Terminó con un gran suspiro y una canción. Mientras su boca se ocupaba de la canción, sus manos se ocupaban de desenredar la trenza y las cintas de colores.
No pudo rescatar la cinta de color celeste, ya que ésta, al ver que finalmente estaba libre, se hechó a volar y abrazó una rama mucho más alta, fuera del alcance de su dueña. Pero ella no se inmutó. Se fue caminando a la escuela con una media sonrisa asomándose por su pequeña cara. El cielo es celeste, la cinta también. Aquella cinta buscaba la independencia, resaltar por sí misma. Pero la niña sabía que otoño ya se acercaba por la tercera esquina, donde Palito tiene su almacén. La pobre cinta había elegido el peor lugar para destacarse. Si uno levanta la mirada hacia el cielo, sólo ve celeste, y capaz que una rama flotando en el aire.
No pudo rescatar la cinta de color celeste, ya que ésta, al ver que finalmente estaba libre, se hechó a volar y abrazó una rama mucho más alta, fuera del alcance de su dueña. Pero ella no se inmutó. Se fue caminando a la escuela con una media sonrisa asomándose por su pequeña cara. El cielo es celeste, la cinta también. Aquella cinta buscaba la independencia, resaltar por sí misma. Pero la niña sabía que otoño ya se acercaba por la tercera esquina, donde Palito tiene su almacén. La pobre cinta había elegido el peor lugar para destacarse. Si uno levanta la mirada hacia el cielo, sólo ve celeste, y capaz que una rama flotando en el aire.
lunes, 7 de enero de 2008
Imperialismo inglés acapara el alma de muchos

Por primera vez en mi vida, siento la diferencia entre un año y el otro. Al ver los fuegos artificiales el 31 a las 12 y un minuto, veía como todos mis problemas y traumas y dolores eran así de evaporables, si yo lo quería. Los dejo explotar, pero también los dejo desintegrarse en la oscuridad del cielo.
Pero así como cada fuego es diferente, cada cosita que me molesta también lo es. Tener una filosofía de que uno no debe complicarse la vida y debe siempre mirar para delante es la mejor excusa para aquellos que prefieren huir no de sus problemas, sino de sí mismos.
He llegado a notar que al dejarme estar mal, al dejarme sentir lo que realmente siento en el fondo de mi ser y no avergonzarme de ellos ni intentar cubrirlo, estoy viviendo esta etapa de luto de la mejor forma que se puede.
La literatura de Holocausto te lo dice. El mundo de hoy no está en condiciones de aceptar que el verdadero dolor existe. Y por eso es que muchos prefieren estar "bien" frente al resto, para no "incomodar". Patético.
¿Es que ahora debemos sólo restringirnos a hablar de lo lindo, de lo que no molesta, de lo que no afecta al ser humano y su alma? Comienzo a pensar que todos los autores del Holocausto tenían razón.
Por algo siempre nos pareció simpático la tendencia de los ingleses a hablar del clima porque es el tema más neutral del planeta tierra. Repito: Nos reíamos de ellos y su incapacidad de jugarse por una conversación controvercial. Ahora somos todos ingleses dentro de una novela de Jane Austen.
Este año espero poder cumplir con todo lo que debería hacer por mi bien, y veo una nueva capacidad de poder renovarme, reciclarme y avanzar en mi desarrollo personal. Pero soy conciente de que este año nuevo no salió igual que siempre y me otorgó esta vida nueva por lo que trabajé mi persona el año anterior. Me dejé tocar fondo, llorar como una magdalena y permitirme estar mal y decirle a la gente...sin miedo, que estaba mal. Me preocupé por mi. Algo que hacía tiempo que no practicaba.
Ahora pretendo mirar para delante y luchar por lo que quiero, pero tampoco voy a tapar la resaca del luto. Y pobre de aquel que me diga cómo vivirla, y cómo sentirla, o peor aún, que ya debería haber pasado. Si uno lee la descripción de mi perfil, ve que no tengo mucho interés en catalogarme. Entonces, si ni yo misma estoy dispuesta a hacerlo, ¿quién más tiene el derecho? Respuesta: Dios. Nadie más. El resto que hagan como los ingleses.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)