miércoles, 28 de noviembre de 2007

Sanación de acrílico

Sus lagrimas recorrían su rostro, su boca se hacía una sonrisa invertida, su corazón dolía y su cabeza no la dejaba de molestar. Días después yo estaba en mi cama, intentando dormir, y el cuadro que le había prometido a mi amiga en su cumpleaños del año pasado finalmente me vino. Comenzó con una enregadera, pero luego se transformó en un arbol, el arbol de la vida, donde ella descansa, tapandosé con una hoja de algún libro que le gustó. Dios la cuida desde lo alto, pero le ofrece muchos apoyos sean hojas, sean flores, sean amigos sean familia, sea su propio intelecto y capacidad. Su novio estpa en una hoja, en forma de corazón, con una nota musical ya que esta pareja resplandece por la armonía única que tienen, aparte de que el chico es músico. Las florcitas azules son todas las cosas en la vida, que nos hacen bien o mal, pero están, y ella las puede mirar desde su tronco, con tranquilidad si quiere, y ordenarlas o borrarlas... Eso lo dejo en sus manos, es una mujer capaz, y es uno de mis grandes orgullos, el poder ser su amiga.

martes, 27 de noviembre de 2007

Explosiones retrasadas

"Ya iban a venir, quedate tranquila, es normal". Bueno. Sigo con una sensación de que perdí a mi madre hace dos segundos y me acabo de dar cuenta. Lloro sin parar, sin razón. La extraño. En el fondo, es eso, la extraño. La quiero ver parada frente a mí, explicandome a mí, como tantas veces pasadas, que lo que estoy haciendo con mi vida está bien, mal, es una locura, es lo mejor que se me pudo haber ocurrido. Pero no la tengo ahi. La tengo adentro, la tengo en el aire... alrededor mío, caminando y observandolo todo. Pero todavía no la acepto ahi. No quiero soltar su imagen física. Pero ¿cómo puede ser esto si ya ni me acuerdo de la mayoría de sus caras, y todavía me cuesta verla en las fotos?
Ya me volverá todo, en su tiempo indicado. Tengo que tener paciecia, conmigo misma, con los demás, y sobre todo con ella. No me abandonó, se fue porque se tuvo que ir. Yo sé. Pero la niña en mí exige a su madre, frente a ella, tan linda como una pintura de algún gran maestro que intenta retratarla pero sólo Dios pudo crear una cara como esa. Y esos ojos, que dependiendo del humor se tornaban grises, o turquesas, o verdes como el verde esmeralda de la piedra más preciosa. Su alma hablaba a través de sus ojos. Era un ser increible. Y ahora ya no está. ¡Qué vacío! No sé qué mas decir. El dolor siempre me llena de silencio. Adiós.