lunes, 7 de enero de 2008

Imperialismo inglés acapara el alma de muchos


Por primera vez en mi vida, siento la diferencia entre un año y el otro. Al ver los fuegos artificiales el 31 a las 12 y un minuto, veía como todos mis problemas y traumas y dolores eran así de evaporables, si yo lo quería. Los dejo explotar, pero también los dejo desintegrarse en la oscuridad del cielo.

Pero así como cada fuego es diferente, cada cosita que me molesta también lo es. Tener una filosofía de que uno no debe complicarse la vida y debe siempre mirar para delante es la mejor excusa para aquellos que prefieren huir no de sus problemas, sino de sí mismos.

He llegado a notar que al dejarme estar mal, al dejarme sentir lo que realmente siento en el fondo de mi ser y no avergonzarme de ellos ni intentar cubrirlo, estoy viviendo esta etapa de luto de la mejor forma que se puede.

La literatura de Holocausto te lo dice. El mundo de hoy no está en condiciones de aceptar que el verdadero dolor existe. Y por eso es que muchos prefieren estar "bien" frente al resto, para no "incomodar". Patético.

¿Es que ahora debemos sólo restringirnos a hablar de lo lindo, de lo que no molesta, de lo que no afecta al ser humano y su alma? Comienzo a pensar que todos los autores del Holocausto tenían razón.

Por algo siempre nos pareció simpático la tendencia de los ingleses a hablar del clima porque es el tema más neutral del planeta tierra. Repito: Nos reíamos de ellos y su incapacidad de jugarse por una conversación controvercial. Ahora somos todos ingleses dentro de una novela de Jane Austen.
Este año espero poder cumplir con todo lo que debería hacer por mi bien, y veo una nueva capacidad de poder renovarme, reciclarme y avanzar en mi desarrollo personal. Pero soy conciente de que este año nuevo no salió igual que siempre y me otorgó esta vida nueva por lo que trabajé mi persona el año anterior. Me dejé tocar fondo, llorar como una magdalena y permitirme estar mal y decirle a la gente...sin miedo, que estaba mal. Me preocupé por mi. Algo que hacía tiempo que no practicaba.
Ahora pretendo mirar para delante y luchar por lo que quiero, pero tampoco voy a tapar la resaca del luto. Y pobre de aquel que me diga cómo vivirla, y cómo sentirla, o peor aún, que ya debería haber pasado. Si uno lee la descripción de mi perfil, ve que no tengo mucho interés en catalogarme. Entonces, si ni yo misma estoy dispuesta a hacerlo, ¿quién más tiene el derecho? Respuesta: Dios. Nadie más. El resto que hagan como los ingleses.

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