martes, 27 de noviembre de 2007

Explosiones retrasadas

"Ya iban a venir, quedate tranquila, es normal". Bueno. Sigo con una sensación de que perdí a mi madre hace dos segundos y me acabo de dar cuenta. Lloro sin parar, sin razón. La extraño. En el fondo, es eso, la extraño. La quiero ver parada frente a mí, explicandome a mí, como tantas veces pasadas, que lo que estoy haciendo con mi vida está bien, mal, es una locura, es lo mejor que se me pudo haber ocurrido. Pero no la tengo ahi. La tengo adentro, la tengo en el aire... alrededor mío, caminando y observandolo todo. Pero todavía no la acepto ahi. No quiero soltar su imagen física. Pero ¿cómo puede ser esto si ya ni me acuerdo de la mayoría de sus caras, y todavía me cuesta verla en las fotos?
Ya me volverá todo, en su tiempo indicado. Tengo que tener paciecia, conmigo misma, con los demás, y sobre todo con ella. No me abandonó, se fue porque se tuvo que ir. Yo sé. Pero la niña en mí exige a su madre, frente a ella, tan linda como una pintura de algún gran maestro que intenta retratarla pero sólo Dios pudo crear una cara como esa. Y esos ojos, que dependiendo del humor se tornaban grises, o turquesas, o verdes como el verde esmeralda de la piedra más preciosa. Su alma hablaba a través de sus ojos. Era un ser increible. Y ahora ya no está. ¡Qué vacío! No sé qué mas decir. El dolor siempre me llena de silencio. Adiós.

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