¿Cómo se festeja el día en el cual uno nace cuando la persona que te dio la vida, que te cuidó por nueve meses en su interior y luego se jugó la vida para dartelá, se encuentra en el cielo y no en la tierra junto a tí? Lloré, sí. Dejé que mis cachetes se llenaran de lagrimas. Hasta en un momento, el llanto y el dolor y las ganas de gritar y las ganas de... algo... se convirtieron en un especie de grito sin sonido. Mi boca abierta como si estuviese largando el grito más fuerte escuchado por la humanidad. Todos mis músculos faciales, mi cuello, mi estomago, todo en posición para romper mil quinientos vidrios. Pero no salía nada. Sólo caían lagrimas y un poco de aire. Nada. Es que un simple llanto no quita el dolor que sentí esa noche. Esa falta tan tan grande. Yo me veía como una beba indefensa y mamá mirandome con esos ojos que solo ella tenía, sonriendo, agotada, pero feliz de tenerme. Y esta vez, por primera vez en mi vida, no la tuve para decirme feliz cumpleaños. Y no la tuve para que me cuente, como siempre lo hacía, cómo mi abuelo, al verme por primera vez, había dicho que yo era una pequeña obra de arte. Y no la tuve, para pelearme con ella, porque yo quería salir a festejar mi cumple con mis amigos y ella quería que yo lo festejara con ella. Y no la tuve, pero la tenía. 

Y hasta le pedí un regalo de cumpleaños y me lo dio. Le pedí poder pasar mi cumple feliz, contetenta, y poder ver todo lo lindo que me rodeaba y toda la gente que tengo a mi lado, y poder hasta estar contenta con ella en el cielo, y festejarlo con ella de alguna forma. Y la fui a visitar...con una prima muy especial, una con la cual sólo con ella pudo haber sido tan especial y disfrutable ese momento. El día estaba soleado, el cementerio parecía haber sido planteado por Dios mismo. El cuadrado de la lápida de mamá estaba calentito, por el sol de la tarde. Me acosté con las flores como si me hubiese acostado en su cama como todos los años, y abrazé el pasto y puse mi cara contra lápida y le agradecí por haberme dado la vida. Y me vino la paz. Mi prima, su ahijada, también hizo lo mismo. Las dos nos quedamos un rato ahi, acostadas junto a mamá, hablandolé, contandole cosas y no me vino ni una sola lagrima. Estaba conmigo. Y no por estar cerca de su cuerpo. Ella estaba y está conmigo. Pero en ese momento la sentí tan cerca... fue tan linda la sensación. Tuve una madre, ahora tengo equipo de apoyo en la tierra, más un padre y una familia, y un angel que fue madre que me mira y me acompaña a donde sea que voy. Soy feliz. Duele, es verdad. Pero la tuve, y al haberla conocido por 23 años, la tengo, y la tengo como envoltorio. Yo tenía miedo de ir al cementerio, pero lo hice, con cuatro flores rojas, claveles, una por cada hijo, y se las dejé ahi paraditas mirando hacia el cielo... Ella nos sembró, y sembró con todo el amor del mundo.Y entonces, la fui a visitar... y fue el mejor momento de mi cumpleaños al cual le tenía miedo. Ella fue y yo soy, ella es y yo, gracias a ella, seré, y va ser lindo, y grande, y hermoso, y todo va salir bien.
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