
Los silencios del alma son lo más profundos que conozco. La respiración, el palpitar del corazón, la brisa, los autos, la gente hablando, todo queda en silencio al escuchar un alma dolorida. No hablo del dolor como consecuencia de un novio/a que se fue, o un examen perdido. Hablo de esa clase de dolor que deja a uno completamente callado. Las lagrimas brotan solas, pero de todas formas, el dolor no se tranquiliza con el llanto, con la expresión. El dolor se siente cómodo en el silencio. Se siente comprendido. Porque el dolor profundo, suele carecer de explicación o solución. Siempre se habla sobre encontrarle una cura a las enfermedades terminales que están acosando a la humanidad en los últimos años. Pero, ¿quién se está dedicando a encontrar la cura para el dolor de alma? No hay. Yo sé. Es una batalla interminable, la del dolor versus el amor. El amor es lo que te ayuda a manejar el silencio. Por más dolor que tenga uno, si ama, se puede. Pero en el silencio hay que saber percibir esos ruidos de amor. Ya que un corazón dolorido no tiene la capacidad de ser hipócrita, y al alma no se le puede mentir. Acepta como realidad el dolor, pero también acepta como realidad el amor, o el deseo de sentirlo. No será una receta mágica en contra del dolor, pero sí es una defensa que por más fuerte que se haga ese silencio, si prestamos atención, todos los podemos sentir, y nadie te lo puede quitar. (Tuesday, September 05, 2006)
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