Tengo unas zapatillas de lentejuelas. Me las compré porque me parecían simpáticas, pero en el fondo, me encataba la idea de tener unos zapatos parecidos a Dorothy, la del Mago de Oz. Y sí, para aquellos que se lo están cuestionando, sí, tuve una infancia bien larga y linda, pero todavía logro disfrutar de la niña en mi. Amargos.
Cuestión que ya las estuve probando, cerrando los ojos y repitiendo "there´s no place like home", pero cuando abro los ojos, siempre me encuentro con lo mismo. Y ahi calculo, que en verdad las zapatillas sí funcionan, ya que mi hogar es donde estoy parada, mi hogar es mi ser, puedo pasear, puedo bailar, puedo cantar y comer todo conmigo.
Igual es una lástima que nunca estuve en esa especie de tunel extraño en el cual se mete Dorothy al aprender a usar sus zapatillas de lentejuelas rojas. Pero nuevamente confieso que a mi siempre me dio un poco de miedo esa película. La idea de que te pase un huracán por arriba y termines amigandote con un espantapájaros y un hombre de lata y un león... Para eso me junto con los especímenes que caminan por las calles de montevideo que renunciaron al peine y la ducha, los empresarios que sólo piensan en hacer plata, y los machos que se hacen los leones cuando en verdad, no asustan ni impresionan a un pajarito... hay cada bicho ahi afuera. Yo me quedo con mis zapatillas mejor, por lo menos son honestas y me muestran la realidad como es.
No hay comentarios:
Publicar un comentario