Ayer fui al supermercado y me encontré con la mayoría de la gente mirando para arriba, en la misma dirección. Seguí con curiosidad el angulo de sus miradas hasta encontrarme con partido de futbol. Una joven vestida de muñequita sueca no podía dejar de mirar la pantalla, mientras sus mermeladas eran silenciosamente devoradas por unos enanos maltrechos. Otro padre miraba la pantalla mientras su hijita, sentada en la silla del carro de supermercado, se dedicaba a llenar el carro con desodorantes, cremas para arrugas y otras cosas que probablemente no iba a usar por unos 10 años más. Precavida la chica.
Estaban todos hipnotizados, y los únicos que se movían eran algunos trabajadores de Tienda Inglesa que tenían al supervisor respirandoles en el cuello, pero estos rápidamente terminaban su labor y se metían en otra góndola para continuar viendo el partido.A todo esto, yo feliz, ya que estaba apurada y con pocas ganas de hacer mucha fila. Entonces mientras todos estaban logrando una tortícolis grave, yo pasé por el supermercado, recogí lo que necesitaba y estaba afuera en menos de 10 minutos. Un record para un domingo en Tienda Inglesa.
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